Espíritu Santo

Susurros del Espíritu al alma en oración.

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Divino Pastor de mi Alma

 
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      Al meditar en el domingo del Buen Pastor, son muchos los detalles que Dios descubre ante nosotros a través de su palabra. Una de las frases que más llama mi atención es “mis ovejas mi voz oyen…” ¿ Cuánta cercanía debe haber entre las ovejas y su pastor para reconocer su voz en medio de tanto ruido del mundo de hoy? Tenemos voces internas que nos hablan día y noche, el bullicio del trabajo, de los medios de comunicación, el entorno donde nos desempeñamos, todo un ambiente que carece de las fuentes tranquilas de reposo que nos habla Jesús. Sin embargo, aún en medio de tanta turbulencia, nos sigue llamando con la dignidad que nos da nuestro nombre. Somos las ovejas del rebaño del Señor. Él nos conoce a cada uno de nosotros, Él sabe de nuestros pesares, de nuestros esfuerzos, tristezas y desesperanzas; y es así como la cercanía del Pastor nos invita al seguimiento, pues a su lado sentimos la protección y la seguridad de sus brazos amorosos que sanan, curan y vendan nuestras heridas. 

      Nuestro querido Papa Francisco, pastor del rebaño que conformamos los bautizados, con humildad ha iluminado el pastoreo de la iglesia actual, haciendo un llamado a todos los sacerdotes a ser pastores según el corazón de Dios, pastor con olor a oveja. A cada sacerdote se le ha confiado un rebaño que tiene que apacentar, cuidar, sanar, proteger, guiar. Ese acompañamiento del sacerdote a su pueblo es lo que le va a dar ese olor a oveja, ese acercarse a vendar heridas del sufrimiento, ese conducir hacia a los pies de Jesús para que ninguna oveja sea arrebatada de sus manos. 

     Dediquemos un momento de oración por el  pastor que cuida de tu alma, por ese sacerdote que en su fragilidad humana ha decidido seguir las huellas del Pastor Divino, llevando sobre sus hombros la misión de conducir a todas las ovejas que le han sido confiadas por el Padre para que retornen al redil lavadas por la sangre del cordero.

Jesús, en ti confío!

misericordia2         No sé en qué momento preciso llegó a mi vida la imagen de la Divina Misericordia, lo que sí es cierto es que esta devoción ha marcado muchos momentos en el caminar de mi fe.  Tan sólo al contemplar la imagen de Jesús con una de sus manos extendida para bendecir y la otra, que muestra su herida por los clavos que descansa en su sagrado corazón, es suficiente para invitar al alma a exclamar: Jesús yo confío en Ti. Cuánto amor y ternura refleja su mirada y cuánta esperanza y paz traen sus rayos luminosos. Sus  pies descalzos hablan de la humildad y de la sencillez a la que estamos llamados,  pero a la vez nos invita a desnudar nuestra alma en total abandono a su misericordia. A veces, nuestra inteligencia limitada no alcanza a comprender el misterio tan profundo del amor de Dios, cómo se abren las entrañas más profundas de la misericordia de Dios para acogernos, amarnos y perdonar nuestras debilidades. Todo un Dios desbordado en gracia y compasión por sus criaturas!

       Su costado atravesado por la lanza en el madero de la cruz gloriosa,  es la puerta que abre el abismo del amor de Cristo que baña  la iglesia naciente la tarde del viernes santo. Experimentar este regalo de Dios el segundo Domingo de Pascua nos muestra que en medio de la alegría por la resurrección del Señor, su corazón se da en amor por cada uno de nosotros. 

      Celebremos, pues, con gozo en el corazón la Fiesta en honor a la misericordia de Dios, que más allá de recibirla, estamos llamados  a ofrecerla a nuestros hermanos que necesitan de nuestro acompañamiento. Porque el que mucho recibe, mucho debe dar; y si estamos recibiendo misericordia a manos llenas, ya nuestro corazón está dispuesto a perdonar, a enseñar al que no sabe, a dar de comer al hambriento, a corregir al que se equivoca, a consolar al triste, en fin; a imitar al Maestro que se acerca con ternura para rociar nuestras vidas con su gracia.

Y tú que le ofreces a Jesús?

Al pasar de los días y al ir adentrándonos en el tiempo cuaresmal, surge la pregunta y los propósitos para este tiempo de gracia. Y como los tiempos han cambiado… les comparto unas imágenes para todos aquellos que desean ayunar de la tecnología durante estos días. Así, si lo que más usas es el Facebook, tus amigos respetarán tu decisión de desconectarte por algunas horas, minutos o días con esta imagen en tu perfil.

fb offSi eres un tuitero, el tiempo que decidas desconectarte del twitter por amor a Jesús, será comprendido y hasta compartido por tus seguidores con tu perfil que diga tu estado:

ofrecerPero hay todavía un consumidor de nuestro tiempo que es más difícil de desconectarnos. Whatsapp offline sería lo que complementaría el ayuno tecnológico en nuestros tiempos.

wtsoff

Aunque para algunos esos no son sacrificios tradicionales… Creo que para todos los que utilizamos la tecnología son más que un sacrificio, un ofrecimiento. Lo importante de esto no es sólo dejar de usar estas redes sociales, sino hacerlo por amor a Jesús, y utilizar ese tiempo que estaremos fuera de línea para la oración que conecta nuestro corazón con el corazón de Cristo.

 

 

 

Tu mejor Regalo Mamá

tu regalo mamá

     Se acercaba el día de las madres y Diego que tenía apenas cuatro años, le insistía a su papá de la necesidad de comprarle el regalo para su mamá. De todas las opciones que le dio su padre, ninguna parecía llenar las expectativas de Diego, pues él quería darle el mejor regalo de todos. 

      En aquellos días, en el colegio que asistía Diego estaban realizando una tómbola de un perico australiano. Diego nunca había visto un ave tan hermosa, y que cantara tan lindo. Compró muchos boletos para ganarse el periquito, pero de nada sirvió. Triste por no haber ganado, pensó que quizás ese era el regalo que tanto había pensado para su mamá, además, era también el que más deseaba para él.

     De camino a casa le comentó a su papá lo que quería regalarle a su mamá, y por mucho que su padre le argumentaba acerca de los inconvenientes del regalo, Diego insistía que era lo que su mamá siempre había querido tener.

     Al llegar a casa, Diego le comentó a su madre lo emocionado que estaba porque al fin le podía regalar lo que ella tanto había soñado tener.  En la mente de Gabriela flotaban imágenes de perfumes, maquillaje, trajes, o quizás aquel microondas que estuvo a punto de comprar.

   Y por fin llegó el día tan esperado. Gabriela notó que Diego se acercaba con algo que cubría una sábana y al destaparlo pudo contemplar a un hermoso periquito australiano al que llamaron cielito. Diego estaba feliz y Gabriela se contagió de la alegría de su hijo hasta el momento que se detuvo a pensar los cuidados de la nueva mascota. A pesar que no era lo que ella esperaba,  se llenó de alegría al ver a su hijo tan contento con su regalo.

     A veces en la vida regalamos a otros lo que en realidad queremos recibir, y en este actuar disfrutamos la emoción del momento y pensando en nosotros mismos nos olvidamos del otro, de sus necesidades y de sus sentimientos. En otras ocasiones somos como el papá de Diego, pudiendo aconsejar y guiar a su hijo hacia una buena elección, nos quedamos asumiendo lo que sabemos que al final no es lo correcto. O quizás nos podemos identificar con Gabriela, que sueña con  cosas materiales pero al recibir lo que no esperaba,  la alegría de hacer feliz al otro hace olvidar  sus egoísmos y disfruta del momento, que al final resulta el mejor regalo.